Un día la necesidad imperiosa  de emprender un viaje tocó a nuestra puerta. Y le abrimos. Y renunciamos al trabajo. Y viajamos sin fecha de regreso. Salimos a recorrer los caminos de América con muchas ganas pero sin la menor idea de cómo hacerlo. Fuimos y volvimos. Pero en el camino otra necesidad apareció de imprevista: tenemos que escribir un libro que dé cuenta de ese inventario de vivencias que transformó nuestras vidas. Y entonces el viaje se convirtió  en una caza constante de anécdotas, y activamos los ojos con miradas hambrientas de historias que se convertirían en letras: contarían la travesía de dos enamorados conduciendo un carro entre Colombia y Alaska.  

Y no pudimos llegar. Pero entendimos que el punto de llegada no era un lugar llamado Alaska sino una nueva forma de ver el mundo, otra manera de encarar el privilegio de estar vivos. Habían pasado casi 700 días desde que salimos de casa y ya  habíamos llegado al mejor de los lugares: entendimos que el viaje somos nosotros mismos y que una puerta cerrada no significa el final. Y regresamos a casa, desandamos el mismo camino. Pasaron dos años desde que la puerta de la casa se cerró detrás nuestro hasta que se abrió para recibirnos de nuevo.

Regresamos en julio buscando lo que habíamos dejado dos años atrás: familia, perros, amigos y sabores. Pero, sobre todo, volvimos en busca de quietud: queríamos parar; parar y escribir un libro. Mi experiencia llenando hojas en blanco con historias hizo que la responsabilidad de escribirlo recayera sobre mis dedos. Estaba parado frente al proyecto más grande de nuestras vidas y no me sentía capaz de dar el primer paso. Cualquier cosa era una excusa para no sentarme a escribir.

¿Por dónde empiezo?

Los primeros meses desde nuestra llegada hicieron su curso entre bienvenidas, salidas y las ganas de movimiento aún al rojo vivo.  Costó llegar y había que reposar un poco para encontrarle una forma mental al libro. Luego, pronto, fuimos finalistas de un concurso de blogueros de viaje que llevaría a los ganadores a viajar por el mundo con un contrato. Casi un mes entero se nos fue consiguiendo votos a través de Facebook para acercarnos un poco más a seguir viviendo esta aventura viajera. No ganamos. Tampoco escribí. Pensaba todo el tiempo en el libro y entre más lo hacía más sentía que semejante recaudo de historias increíbles podría formar un buen libro y que escribirlo sería tarea fácil. Pero nunca iniciaba.

Llegado diciembre ya se habían escrito las primeras páginas durante una buena cantidad de noches en vela: reflexiones viajeras que por su categoría no encajaron en la línea narrativa del libro y terminaron por ser archivadas –algún día verán la luz en otras publicaciones-. Y como llevábamos dos fines de año lejos de casa, entonces nos dedicamos cien por ciento a disfrutar de la familia y de los manjares de la abuela Teresa.  En febrero una aerolínea y el Ministerio de Turismo de México nos invitaron diez días a recorrer la Riviera Maya .  De regreso a Colombia fuimos invitados a dar una charla con un grupo de influenciadores de viajes en Anato, la vitrina turística más importante de Colombia y una de las más grandes de América Latina. Todos nos preguntaban por el libro y siempre encontraban un “ya casi” como respuesta. Pero no, faltaba mucho; faltaba todo.

*Luego del viaje a México elaboramos esta guía imperdible.

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Aprendiendo a escribir

Desde que solté las naguas de mamá me he ganado la vida martillando un teclado casi a diario. Tengo un título en la pared que dice que soy periodista y una hoja de vida que comprueba que escribí en un periódico de circulación nacional durante poco menos de ocho años; hasta que renuncié y viajé para seguir escribiendo en un blog. Entonces, durante mucho tiempo me dije a mí mismo y a muchos otros que era un escritor. Hasta que entendí que llamarme escritor por haber redactado con pulcritud algunos textos era lo mismo que creerme futbolista por patear una piedra camino a casa.

Empecé por revisar los textos que, según yo, con un par de ajustes iban a quedar listos para el libro: casi ninguno me gustó. Con tinta roja, Lina y yo rayamos un tablero de acrílico con el camino a seguir: palabras sueltas que solas no significaban nada para nadie, pero que al leerlas activaban recuerdos en nosotros como chasqueando dedos una y otra vez frente a la cara. Nunca seguí la ruta y decidí atender a la voz de la inspiración. Un día escribía sobre los primeros kilómetros del viaje. Luego me explayaba en letras contando con detalles ese recuerdo que se atravesó en medio de la noche y no me dejó dormir más. Al mismo tiempo leía a los grandes maestros de la crónica como si en sus líneas estuviera encriptado el número ganador de la lotería: Kapuscinski, Salcedo Ramos, Caparrós, Villoro, Talesse… Lo que obtuve de ellos fue más valioso que el premio gordo: sus páginas le dieron voz a mis pensamientos y levantaron los cimientos del libro. Ya solo había que llenar 350 páginas en blanco.

Editorial

¿Editorial?

No fueron pocas las voces que intentaron disuadirnos de llegar con nuestra historia escrita bajo el brazo a tocar las puertas de una editorial para publicar este libro. Y lo lograron. No hubo que indagar mucho para darnos cuenta de las desventajas que someten a los autores primerizos –y muchos de vieja data- que deciden publicar con sellos reconocidos en el mundo editorial. Además, hoy en día la tecnología ha democratizado el acceso a herramientas de impresión y con una pequeña inversión se puede hacer un tiraje considerable de libros. Si duramos dos años viajando por diez países sin dinero, debíamos ejercitar los nudillos para que estén listos a la hora de tocar puertas una vez más. Porque este libro lo publicaremos nosotros mismos y así lo haremos llegar a cualquier rincón del mundo. 

Logramos conjurar el viaje y el proceso de escritura desde las montañas de Pijao, en el Eje Cafetero de Colombia, donde fuimos invitados por Experiencia Cafetera para abstraernos de todo y dedicarnos exclusivamente al proyecto libro. Y lo logramos. Atrás ya quedaron los nueve meses de días enteros pegado a la pantalla. Escribir. Borrar. Pensar. Leer. Repensar. Releer. Borrar otra vez porque cuando los textos fluyen sin bloqueos hay que desconfiar de ellos. Ejercitar la memoria. Acudir a los apuntes. Leer y leer. Apuntar las ideas para que no se escapen. No parar de escribir.

Ha sido difícil esto de querer estar a la altura de mis propias expectativas, pero ya está; no hay marcha atrás. El libro está escrito y una ruma de papel en blanco yace a la espera de que un chorro de tinta la traiga a la vida en forma de historias viajeras.

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Manos amigas

Si de alguna forma el libro logró revivir los viajes que en él se narran, fue demostrándonos una vez más que con manos amigas que te sostengan, te empujen y te levanten, todo es más fácil. Sin ellas es imposible lograr cualquier cosa. Entonces, un gran amigo y excelente periodista aceptó la invitación a ser el editor. Una escritora con una pluma maravillosa que admiramos montones incalculables, nos hizo el honor de ser la prologuista. El autor de las caricaturas de nosotros y La Jebi, que adornan el logo de Renunciamos y Viajamos, ilustró la portada y el inicio de los doce capítulos. Y una excompañera de Lina en sus días de roller derby aportó sus habilidades en la diagramación. Eso, sumado al apoyo incondicional de nuestras familias, y a la posibilidad de viajar en intervalos, hizo que este proceso  fuera benévolo y no nos cobrara la novatada.

*En medio de la escritura del libro volvimos a Santa Marta, en el caribe colombiano, y tomamos estas fotos. ¿Quién no se inspira en un lugar así? 

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¿De qué se trata el libro?

Tranquilos, no habrá spoilers –Lina me mataría-. Este libro es un intento por empacar en sus páginas una diversidad de vivencias y reflexiones narradas en 15 países de América, incluyendo un flash back al año 2009 cuando, por primera vez, nos colgamos una mochila al hombro y empezamos a llenar los pasaportes de sellos. Las historias fueron contadas desde pueblitos y mega ciudades. Desde mares y montañas. Desde casas de campesinos, desde comunidades indígenas y desde mansiones de millonarios. Desde maravillas del mundo y bares de la esquina. Desde la felicidad indecible hasta la tristeza más honda.

Quienes han leído este blog de principio a fin podrán revivir algunas de las historias que aquí se han contado, pero con mayores detalles, mejor escritas y pasadas por el tratamiento que merecen antes de hacer su debut en el papel. No significa esto que nuestro primer libro sea un compilado de las crónicas ya contadas en Renunciamos y viajamos. No. Por el contrario, este libro tiene vida propia y en su interior palpitan anécdotas nunca antes contadas, que llevan de la mano a  reflexiones en torno a cómo nuestra nueva vida se fue moldeando al antojo de los kilómetros.

Aquí, frente al teclado, muero de ganas por contarles detalles. Pero se supone que debe ser una sorpresa para ustedes y Lina y yo acordamos que así sea. Por ahora les puedo confesar que es un libro de texto en su mayoría. Que cuenta historias de vida cosechadas en un viaje a través de 10 países conduciendo La Jebi y viviendo en su interior. Que cada párrafo da cuenta de la hospitalidad de los pueblos mesoamericanos. Que de estas casi 350 páginas se puede inferir que ningún lugar es tan malo como lo pinta la televisión. Que tiene diez páginas con fotografías lindísimas a color. Y que no vemos la hora de que ustedes lo tengan en sus manos. La ansiedad por verlo vivir fuera de nuestras manos nos está carcomiendo.

Esperamos que miles de copias de este, nuestro primer libro, vuelen como bandadas de aves que cantan un mensaje de libertad. Nada queremos más que verlo anidar en mochilas viajeras, en puestos de trabajo de almas soñadoras, en mesitas de noche  y en cada lugar donde alguien necesite un empujón para largarse de la rutina y salir a luchar por sus propios sueños.

Ojalá estas historias crezcan y salgan corriendo pronto de su hábitat digital para revestirse de la magia que el papel le da a las historias.  Y ojalá que este libro se convierta en el diablito en muchos hombros izquierdos, y que susurre en muchos oídos que la vida es muy corta y que el momento de salir a luchar por sus sueños es ahora o nunca.

PD: Disculpen por favor la ausencia bloguera de estos días. Pronto nos veremos en tinta y papel.

Libro Renunciar y Viajar

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