Algo especial deben tener los pueblos cafeteros en Colombia que dejan ver una vida tranquila, pausada, sin prisa… mágica. Algo deben de tener sus tierras y  las manos de sus campesinos para ser la cuna del mejor café del planeta. Algo deben tener para atrapar a los viajeros que van por un día y no se pueden marchar. Así nos pasa a nosotros.

Pijao, en el departamento del Quindío, es uno de ellos. Es conocido por ser el primer ‘pueblo sin prisa’ de toda Suramérica y nosotros lo comprobamos cuando llegamos. Sus calles se pueden recorrer, admirar y fotografiar por completo empleando pocas horas, y tienen una especie de imán poderoso que se niega a soltarnos.

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Rostros, puertas, ventanas e instantes de Pijao en imágenes  AQUÍ

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Pero el encanto de este pueblo de 6200 habitantes va más allá de la tranquilidad de sus calles, de sus construcciones tradicionales y de la torre de la iglesia que se funde entre las montañas tapizadas de café y plátano.

El verdadero embrujo de esta localidad está en las personas que la habitan y en sus historias de vida. Son trabajadores ‘berracos’, como decimos en Colombia. Todos se conocen y se recomiendan entre ellos. En los pocos días que estuvimos de paso conocimos personajes encantadores que aman a Pijao y trabajan a diario por sacar adelante proyectos de vida que le aporten algo al municipio.

Aquí se los mostramos:

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1. Gustavo Toro: recuerdos intactos en las paredes de un bar

Más de tres décadas atrás, Gustavo Toro trabajaba proyectando películas en 35 mm en un teatro de Armenia y era el encargado de pegar los posters de las cintas para atraer clientes. Pero los posters nunca eran reclamados por las distribuidoras de cine y este hombre inició una colección de afiches de películas y fotografías de artistas de todas partes del mundo. Al mismo tiempo hacía crecer cada día una colección de discos en acetato de salsa, boleros, tangos y otros ritmos latinos.

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Luego del terremoto de 1999 que devastó el Eje Cafetero colombiano, Gustavo agarró sus discos y sus afiches, consiguió un pequeño local frente a la plaza de Pijao y abrió las puertas del bar Los Recuerdos. El lugar lleva su sello: cada pared está tapizada con fotografías y afiches viejos que los visitantes no paran de mirar mientras escuchan el ‘scratch’ de sus discos sonando.

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2. Víctor Hugo Grisales y su apuesta por el mejor café

Todas las tardes, junto a la Alcaldía de Pijao, decenas de niños juegan ajedrez en las mesas de un café restaurante. Víctor Hugo es el gerente de este lugar que siempre huele a café fresco. Este hombre dedica todos los días de su vida generar ideas que fortalezcan la cultura cafetera de su Municipio. Es el hombre detrás de Café Luqman, una marca de origen que rescata los mejores sabores de nuestra bebida nacional.

Charlas cafeteras y buenas bebidas tuvimos gracias a la compañía de este caballero.

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3. Alberto Peña Valencia, el alcalde más joven de Colombia

Tiene 24 años y aspecto de estudiante universitario, pero es el hombre que gobierna las vidas de los 6000 habitantes de esta población. Se inició en la política los 21 años y hoy ostenta el récord de ser el alcalde más joven de Colombia.

Como dato curioso, nos contó que su predecesor era su antónimo, o sea, el alcalde más viejo del país, que murió a los 69 años.

Lea AQUÍ el perfil al Alcalde más joven de Colombia publicado en el El Tiempo

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4.  Mónica Florez, abanderada de la ciudad sin prisa

Conversar con Mónica Flórez es casi que una obligación si se quiere saber qué es lo que pasa en Pijao. Esta investigadora y comunicadora social es la directora de la Fundación Pijao Cittaslow, una organización que trabaja por incluir al municipio dentro de la red mundial de ciudades sin prisa.

Cada persona que conocimos nos habló de Mónica, todos la conocen y casi todos apoyan su causa. Vela, además, por la realización de proyectos productivos para la comunidad y viaja ocasionalmente por Colombia replicando su experiencia de nueve años promoviendo este movimiento.

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5 y 6. Julia y Juan, mentes jóvenes con ideas transformadoras

Julia Leitner y Juan David Agudelo no son de Pijao, pero aman este pueblo, con sus costumbres y sus paisajes, como si fuera el último en la tierra. Julia es estadounidense, egresada de Literatura e Historia en la Universidad de Harvard y Juan David es un bogotano estudiante de Sociología de la Universidad de Buenos Aires, en Argentina.

A sus 24 y 23 años, esta pareja dejó sus lugares de origen y desde hace seis meses desarrollan una apuesta de intervención social en las fincas cafeteras de Pijao y Buena Vista, por medio de la cual pretenden dar a conocer a los foráneos la realidad de los campesinos que cultivan este producto y cómo es el proceso desde la tierra hasta la taza.

‘Wakecup’ es el nombre de esta iniciativa que le apunta a romper la brecha entre el viajero y el caficultor, rompiendo barreras culturales a través del turismo.

Su lema: “El café más que una bebida, es una cultura”.